No era el poema...
Era el trueno,
era el rayo,
era el frio,
la ventisca,
la tormenta...
finalmente, la lluvia.
Era el llanto...
se venía como un manto oscuro
de aguacero
a mi alma vacía.
No eran los poemas...
Era el tiempo de lo incierto.
Había llegado antes,
mucho antes
que el invierno
azotara sobre nuestras vidas.
Y el silencio se alzara sobre nuestras tierras...
El ocaso se vistió de miedo...
la noche se hizo eterna,
aferrada a los infiernos.
Era el trueno...
Era el rayo...
Era el fin de los tiempos...
Sin tu mirada.
Con todo tu silencio
y mi soledad a cuestas.
Mary Patricia Oyarce M.